Al acercarse a
los canecillos de la Iglesia de Tres Fuentes en Valgañón no se puede obviar
el influjo que la escultura del ábside de la catedral de Santo Domingo de La
Calzada tuvo en su zona de influencia. Así podemos formar un grupo de
iglesias en la que el influjo de los maestros que trabajaron en la
catedral calceatense es evidente, y que englobaría las de Tirgo, Ochánduri y
la que tratamos ahora, Tres Fuentes en Valgañón.
De los doce
canecillos conservados en el ábside, la mitad representan rostros, bien de
personas, animales o monstruos, y la otra mitad son de proa de nave, rollos
o han sido reconstruidos. Entre los primeros destacan por su conservación
los números 1, 9 y 11.
El número 1
representa el rostro de un anciano con espesa barba, cabeza calva y dos
mechones de pelo abundante cubriendo sus sienes. El rostro es sereno y los
rasgos de la cara están bastante bien marcados. Los canecillos 5 y 7 están
bastante erosionados, el primero es un rostro humano, mientras que el
segundo puede representar un cánido, lobo o perro. Especial atención merece
el número 2, representa una figura monstruosa coronada (hay quien ve un
águila) de difícil interpretación. Interesante es también el número 9, una
máscara de animal con rasgos muy humanos, cabello ensortijado, ojos saltones
y gran boca de labios muy marcados, y, lo más curioso, cuello cubierto de
escamas o plumón, demonio con rostro humano o representación del mal.
El canecillo más
curioso es el número 11. Aparece en él un personaje de rostro sereno y
relajado, con el cabello dividido en dos mechones bien marcados y que porta
entres sus manos lo que parece ser un compás. Representación, sin duda, del
artífice de estos canecillos.