De las cuatro columnas adosadas que dividen el ábside de la iglesia en cinco
tramos, solamente son visibles en la actualidad las tres primeras. La cuarto
está oculta por la sacristía de construcción más tardía que el templo. De
todas formas por los pocos restos que hemos podido observar de su capitel,
éste parece ser bastante semejante al de la primera columna.
La primera columna nos presenta un capitel de tipo vegetal, con dos niveles
de hojas simples y acanaladas, que terminan en un tercer nivel en volutas
debajo de los tacos característicos del románico tardío. Carece, como todos
los demás, de cimacio y enlaza directamente con el tejaroz.
El segundo capitel es historiado y presenta a una mujer desnuda con las
piernas cruzadas, de cuyos pechos se alimentan dos serpientes que se
enroscan en sus brazos. El significado es ambiguo. Por un lado algunos
autores lo relacionan con el culto a la Madre Tierra, mientras que otros lo
hacen con el pecado de la lujuria. En los laterales del capitel aparecen dos
personajes, bastante desfigurados, que bien pudieran ser demonios o faunos,
pero que es todo caso, tienen garras en los pies.
El capitel de la tercera columna, presenta el tema del Pantocrátor.
Jesucristo aparece en majestad bendiciendo con la mano derecha y que carece
de mano izquierda. Los pliegues de los ropajes están muy bien conseguidos y
las proporciones parecen ajustadas. En el lado izquierdo asoma un ángel.
En conjunto parece que en Tirgo ha habido un principio de programa
iconográfico, caso poco habitual en el románico riojano, y que lo pone en la
órbita de los talleres que trabajaron en Santo Domingo.